Si cada vez que sacas el transportín tu gato desaparece, se pone rígido, bufa o entra en pánico… no estás sola.
Y no, no es porque tu gato sea “difícil”.
Ni porque tú lo estés haciendo mal.
El problema es que casi todos hemos aprendido a usar el transportín solo en momentos negativos: veterinario, urgencias, viajes, sustos…
Así que para tu gato, ese objeto no es neutro. Es una señal de alarma.
La buena noticia es que eso se puede cambiar.
Y eso es exactamente lo que vamos a hacer en Maldito Transportín.